
Sabias qué?
La trufa negra del Périgord es muy diferente de la trufa de Borgoña, y las trufas francesas serían, desde luego, muy superiores a las de España o Italia. En Montpellier un equipo de biólogos ha investigado la genética de la trufa negra: las diferencias en el sabor se deben más al entorno que a diferencias genéticas.
En Europa existen diez especies de trufa, es decir hongos del genero TUBER. La trufa negra, llamada trufa del Périgord, se recolecta principalmente en España, Francia e Italia, pero su calidad gastronomita difiere según las regiones.
Los biólogos de Montpellier suponen que la última glaciación arrinconó una pequeña población de trufas negras contra el mediterráneo, así como a los árboles sobre los que se desarrolla, el hongo forma una red subterránea asociada a las raíces y la trufa sólo es el órgano reproductor.
Por lo contrario, durante la última glaciación las trufas de verano y de Borgoña que maduran respectivamente en primavera y otoño se habrían conservado en un área de distribución más septentrional o más orientales que Francia, indica que estas dos trufas toleran climas más fríos, con lo que se explica su diversidad genética actual.
Los estudios de genética completaron estos resultados aclarando el problema de las trufas chinas que cada año algún estafador intenta hacer pasar por francesas. La trufa china procede de las estribaciones del Himalaya, en donde se recolectan a unos 2.000 metros de altitud y a menos de 10 centímetros bajo la superficie del terreno, se confunde fácilmente con la trufa francesa, pero el precio es muy inferior.
Las trufas chinas tienen una forma variable muy irregular o fuertemente abollada, su diámetro alcanza los 7 centímetros y se hallan cubiertas de escamas bajas en forma de pirámides invertida de base cuadrada. El aspecto general es casi idéntico al de una trufa del Perigord, grandes escamas planas y desprovista de esperezas marcadas.
No olvidar que el sabor de la trufa china es inferior al de la trufa del mediterráneo, esto no se debe a las condiciones de desarrollo, sino a la especie.
Por Javier Carnero

















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